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Los padres de Ana* se separaron cuando ella apenas tenía 1 año de edad. Su adolescencia se la pasó yendo para allá y para acá, entre las casas de sus padres. En una ocasión, la madre la secuestró, pero al final la mandó a vivir de vuelta con su padre y su madrastra en Aspen, Colorado, hasta que Ana cumplió 16 años de edad.
| "Yo era como la Cenicienta. Tenía que atender todas las necesidades de todo el mundo. Tenía que ir a clases, regresar a casa, limpiar la casa, hacer la cena, guardar el resto de la comida, lavar los platos y lavar toda la ropa." |
Un día, su padre decidió que sería mejor para Ana irse a vivir con su madre en Denver.
| "Mi padre me llevó a una estación de gasolina en Colorado Springs y ahí me dejó tirada con todas mis cosas. Yo llamé a mi madre y ella vino a recogerme." |
A la edad de 12 años empezó a usar marihuana y a tomar. A los 16 años, después de unirse a un grupo de jóvenes sin hogar, empezó a usar heroína y metanfetamina. Haciendo “autostop” y pidiendo aventones (en inglés, “hitchhiking”), terminó recorriendo todo el país. Se pasó a vivir de California a Arizona, luego a New Mexico, y de vuelta a Colorado.
| "Iba a California tal vez por unos meses, pero siempre regresaba a Denver. Cuando estás de bajón, toda agitada y tensa, en realidad no vas a ninguna parte. A veces me encontraba en el área del centro comercial donde podía agenciarme un poco de dinero y comprar drogas, y ahí es donde los trabajadores de extensión en las calles realmente llegaron a conocerme. Ellos me hablaron sobre el Programa STAR por casi como un año antes de que yo finalmente dijera, “Bueno, estoy lista”. Ya no me quedaba nadie. Ésta no era la vida que yo quería vivir. Yo me merezco algo más que esto." |
Ana entró al programa de vivienda transitoria STAR, y dentro de las primeras 24 horas los miembros del personal lograron contactar a sus padres y empezaron a ayudarles a todos a entablar un proceso de comunicación.
| "En ese lugar, pude hablar con la gente como si yo fuera una persona corriente y normal. Eso me indicó que alguien en este mundo realmente sí se preocupaba por mí incondicionalmente. No estaban ahí para juzgarme." |
Ana empezó a participar en sesiones de terapia grupal, en tratamiento para el abuso de sustancias y en sesiones de consejería, y vivió en el edificio de apartamentos de 17 unidades del programa por un año y medio.
Ana se graduó del programa con éxito. La prueba del largo camino que recorrió y de lo bien que logró superarse se mostró cuando la misma agencia le ofreció empleo como consejera de trabajo de extensión en las calles. Ahora vive en su propio apartamento y trabaja con otros jóvenes que están en la calle, ayudándoles a que abandonen las calles y vivan vidas provechosas. Además, se ha reconectado con su madre.
| "El hecho de estar en el programa me puso en una posición donde yo podía demostrarle a mi madre que había cambiado y mejorado. Me tomó algún tiempo ganarme de nuevo su confianza. Pero ahora ella confía totalmente en mí y eso es fantástico. Hablamos todo el tiempo y, ¿qué puedo decir?, no hay nada mejor en el mundo que saber que tu madre está orgullosa de ti." |
*Los nombres de los jóvenes han sido cambiados
Ana les ofrece a los jóvenes estos consejos >> |